¡¡¡Ahora Basta!!!

Esta mañana leía en el Periódico un artículo de Risto Mejide. No suelo seguir a este autor porque desde el principio, siempre me ha parecido un poco exagerado. No por lo que dice, que muchas veces tiene sentido, sino por el modo en què lo dice. Creo que las palabras pueden ser afilados cuchillos que hay que utilizar con delicadeza y, elegir una forma poco justa para decir algo justo puede cambiar el sentido de las cosas hasta hacerte perder la razón. Como cuando dices algo gritando. Aunque estés en lo justo, si levantas la voz, dejas de tener razón.

Como siempre me decía mi padre, y que además multiplicaba hasta el infinito mi nivel de nervios, “no por gritar más tendrás más razón”.

basta

Bueno, a lo que vamos, esta mañana leía el artículo ‘Largaos’ de Mejide y realmente ha sido una revelación para mí. Como algunos de vosotros sabréis, hace ya casi tres años y medio que me fui y vivo en Italia, donde seguramente las cosas no están como para lanzar cohetes, sin embargo….ver noticias desde España, comprobar en qué se ha convertido el país y en la ausencia de soluciones que parece haber es realmente triste y desalentador.

Desde la distancia las cosas se ven con perspectiva y, os prometo, que la rabia es exagerada. Sobre todo, rabia creada por una sensación de impotencia y de desilusión por no poder confiar ya en nadie, por no tener ni una sola motivación por votar, por elegir ni por confiar.

¡¿Será posible!!?? De verdad, es posible?!

 

 

Ahora Basta

El artículo del publicista me ha hecho reflexionar respecto al nivel de cansancio y desesperación de los ciudadanos. Por primera vez he estado totalmente de acuerdo en su forma clara, concisa y agresiva de decir las cosas. Porque algunos parecen no escuchar un basta que está por romper la barrera del sonido.

¡¡¡¡¡¡¡¡BASTAAAAAAAAAAAA!!!!!!

Tienen que irse, y tienen que irse ahora, y tienen que dejar de tomarnos el pelo en televisión y de hacer lo que les de la gana con el dinero y con la dignidad de un entero país. Si tienen la responsabilidad de tomar decisiones, tienen que asumir las consecuencias de ellas. Y si se equivocan decirlo.  Basta echarse flores cuando las cosas van bien, o sea nunca, y dar la culpa a los demás cuando no es así.

Basta pagar justos por pecadores. Basta pobres cada vez más pobres o familias que no tienen ni para comer. Basta. ¿Dónde está la sociedad de bienestar que hemos construído cuando de verdad hace falta? ¿Dónde están las fuerzas de nuestro país hecho de personas honradas y de trabajadores?

Nuestros abuelos han sobrevivido a guerras, a hambre, a familias numerosas sin recursos…han salido adelante como han podido. ¿Y ahora? Somos pobres porque no podemos pagar el Iphone 5, no encontramos trabajo porque las empresas se han aprovechado de la crisis para recortar gastos….No dudo de la existencia de empresarios que realmente sufren por lo que está pasando con sus trabajadores a los que se ven obligados a dejar en la calle, pero conozco personalmente a muchos otros que se aprovechan de haber descubierto que el mismo trabajo puede hacerse con la mitad del personal.

¡Y, quéjate si tienes agallas! ¿Sabes lo que darían muchos por tener un trabajo como el tuyo de 11 horas al día por 1.100 euros si llega?

Pues así estamos. Y en todo eso, ¿qué hace el gobierno? trabajar por mejorar la situación y ayudar a los ciudadanos a salir de la crisis?

mmmmm……casi

Robar, mentir y evitar la responsabilidad.

Un gran ejemplo, sí señor.

Como decía Risto en su artículo, y nunca mejor dicho, LARGAOS. Porque ya no confiamos en vosotros, porque habéis demostrado tener intereses muy diferentes a los que habíais defendido y porque el país necesita de otro tipo de política y de prioridades.

Lo más importante, bajo mi punto de vista, es devolver la esperanza a las personas. Puede que muchos ahora estén pensando….”pero qué moral y qué esperanza si no llego a fin de mes”. Lo sé, yo también tengo gastos a mi cargo, y preocupaciones financieras, etc…pero no se puede seguir llorando o pensando que un futuro mejor no existe. Ese sería el fin. Este no es el peor episodio que ha atravesado nuestro país, y saldremos de esta. Pero el panorama que percibo ahora de mi tierra no me gusta, y no es el que quiero para mi hijo. La mayor prioridad ni preocupación mientras se vive no puede ser “llegar a fin de mes”, “o pagar el mutuo”, …. no creo que esa sea la actitud por muy mal que estén las cosas.

Yo prefiero decir BASTA, a toda esta gente que se permite de decidir por mi sin tener en cuenta mis necesidades. No quiero ni escucharles. No me interesa lo que tengan que decir, hace mucho que dejo de interesarme. No confío en ellos y, por eso digo BASTA.

No le Preguntes al Viento…

En mi pueblo natal, había un parque…en realidad hay más de uno, pero tengo más recuerdos de uno en especial. Con algunos bancos, un túnel y una pequeña torre con una locomotora pintada que recuerda un episodio histórico del municipio.
La verdad es que, en lo que se refiere a césped y vegetación, no sè ahora, pero nunca ha sido un ejemplo de belleza…..era más bien amarillo, en lugar de verde….pero recuerdo que un día, jugando por allí vi que en medio a tanto amarillo y marrón, había empezado a abrirse una puerta una pequeña flor blanca con sus cuatro hojas verdes. Era perfecta, brillante, espléndida, llena de vida. Durante varios días pude ver la estupenda flor, elegante y fuerte.

La flor estaba llena de semillas. Todas ellas un poco asustadas debido a que alrededor, no había otras flores como la suya….”¿dónde iremos a parar?”, “¿què será de nosotras?”….estas eran algunas de las principales preocupaciones de las semillas. Sabían que, con la primavera, y los primeros vientos, iban a tener que cambiar de posición y formar su propia casa, su propia flor……Llegó el día y el viento sopló fuerte, muy fuerte….todas las semillas no pudieron resistir al empujón del viento y se vieron obligadas a dejarte llevar:
– Adiosssss
– Adios amiga, que tengas suerte
– Que vaya bien, cuídate
– Adiossss
– Adiossss
Y así, poco a poco, se fueron perdiendo de vistas unas a otras. A la mayor parte de ellas les fue bien, cayeron en zonas de tierra, prados, huertos y otros terrenos favorables a su crecimiento. Todas menos una, la más pequeña de las semillas….siendo más ligera, el viento la empujó mucho más hasta que la dejó caer en medio de una ciudad, concretamente en una acera de cemento duro y viejo.
La semilla estaba desorientada, ¿què tipo de terreno era èste? ¿què iba a hacer ahora? Dudó durante algunos minutos mientras estudiaba atentamente el lugar y, poco después, vió un montoncito de polvo y algo de arena, seguramente depositada a su vez por el viento. Empezó a trabajar para crearse una casa y a echar sus raíces. Le costó mucho trabajo porque prácticamente no tenía espacio, sin embargo, siguió trabajando para conseguir su objetivo. Y lo consiguió, después de varias semanas, las primeras hojitas verdes, diminutas pero vivas.

Justo enfrente a dónde la semilla echó sus raíces había un banco donde todos los días, sobre las once de la mañana se sentaba un chaval de unos 30 o 35 años. Parecía siempre confuso, entre serio y triste, nunca sonreía y su mirada se perdía durante casi una hora en quièn sabe cuáles pensamientos.
Una mañana, el jóven se dio cuenta de la presencia de la planta, casi no podía creer lo que estaba viendo. Cuando se levantó para irse, con una sonrisa amarga, dijo “No lo conseguirás” y pisó las hojas hasta aplastarlas completamente.

La semilla estaba triste, se sentía cansada y decepcionada. Había perdido en pocos instantes el trabajo de muchas semanas. ¿Què haría ahora?

Algunos días después, cuando el joven volvió fiel a su cita con el banco y sus pensamientos, se quedó boquiabierto cuando vió que esta vez, en lugar de dos hojas, eran cuatro. Verdes, fuertes y desafiantes.
Esta vez no pudo evitar sentir admiración por la planta, por la determinación de la pequeña semilla. Había conseguido de nuevo brotar, cuando todo a su alrededor jugaba en su contra.
La observó durante casi una hora, y cuando se iba, le sonrío y acarició las 4 hojas. Fue un ejemplo para él. Y no podéis ni imaginar què orgullo para la pequeña semilla aquel gesto cariñoso del jóven sin amigos.

 

No le preguntes al viento por què estás donde estás, trabajo para mejorar lo que tienes, aunque creas estar en una situación de desventaja. La mayor parte de las veces, el viento nos deja donde estamos por una razón.